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Artículo de Exit. 3 de noviembre de 2026

Casi medio millón de empresas buscan relevo

Cerrar, dejársela a alguien de dentro o abrirla a varios compradores: lo que cuesta cada camino.


Entre 1958 y 1977 nacieron en España casi 14 millones de personas. Fue la generación del baby boom, la más numerosa de nuestra historia.

Muchos de ellos montaron su propia empresa. Un taller que acabó siendo una fábrica. Una distribuidora que empezó con una furgoneta. Un despacho que hoy tiene cien personas.

Hoy las empresas familiares dan trabajo a más de 6,5 millones de personas en España. Dos de cada tres empleos privados del país salen de ellas.

La pirámide se ha dado la vuelta

Esa generación empezó a cumplir 65 años en 2023, y los últimos los cumplirán en 2042.

Durante décadas, en España había muchos más jóvenes que mayores. Hoy es al revés. Y en las empresas pasa lo mismo.

En España hay más de un millón de empresas familiares. Son tres de cada cuatro empresas del país, sin contar a los autónomos.

En más de la mitad de ellas, el dueño tiene ya más de 55 años. Y siete de cada diez de esos dueños todavía no saben quién se quedará al frente cuando ellos lo dejen.

Si se hacen las cuentas, son unas 460.000 empresas. Cada una con un dueño que, antes o después, tendrá que decidir qué hace con lo que ha construido.

Si tú eres uno de ellos, es probable que ya le hayas dado vueltas a alguna de estas tres opciones.

Opción 1: cerrar

Muchos lo piensan. Después de tantos años, uno ya no está para complicaciones, y cerrar parece lo más sencillo y lo más rápido.

La realidad suele ser bastante distinta.

Pongamos una empresa con 15 trabajadores que llevan unos 20 años contigo, con un sueldo medio de 26.000 euros al año. Si cierras, la ley obliga a pagar a cada uno 20 días de sueldo por cada año trabajado, hasta un máximo de un año de sueldo. Con 20 años en la empresa, todos llegan a ese máximo.

15 personas por 26.000 euros son 390.000 euros. Solo en indemnizaciones.

Y luego está todo lo demás. Meses de papeles y de abogados. La maquinaria y las existencias, que se venden por mucho menos de lo que valen. Los contratos, los alquileres y las deudas que hay que ir cerrando uno a uno.

Y, sobre todo, sentarte a contárselo a personas que llevan media vida a tu lado.

Mientras tanto, esa misma empresa podría tener un valor importante para alguien que quisiera continuarla.

Opción 2: dejársela a alguien de dentro

Si cerrar no convence, lo natural es mirar hacia dentro. Normalmente, a esa persona de confianza que lleva años a tu lado y conoce el negocio tan bien como tú.

Es una opción muy bonita. Pero tiene un problema práctico: esa persona casi nunca tiene el dinero para comprarla.

Así que la solución suele ser que te vaya pagando poco a poco, con lo que gane la propia empresa, durante siete u ocho años.

En la práctica, eso significa que tú dejas de decidir, pero tu dinero sigue dentro. Si las cosas van bien, cobras. Si van mal, cobras menos, o dejas de cobrar.

Opción 3: vender a alguien de fuera

Es posible que ya te haya llamado alguien. Un fondo de inversión, o un competidor de toda la vida. Han mostrado interés y hasta han hablado de cifras.

Lo más habitual es seguir hablando solo con esa persona. Es lo más sencillo: ya está ahí, ya tiene interés y parece que todo va a ir rápido.

El problema es que, cuando solo hay un comprador en la mesa, es él quien marca el precio. Y casi siempre te dejas dinero por el camino.

¿Cuánto? En Estados Unidos, donde hay más datos, la Universidad Pepperdine lo mide cada año en empresas no cotizadas. Según su informe de 2025, con tres o más compradores en la recta final el precio suele subir un 15%. Otros análisis hablan de hasta un 25%.

Pongamos el punto medio, un 20%.

Dinero que se queda encima de la mesa, simplemente por no haber escuchado a más de uno.

Esto se podría evitar con un proceso competitivo de venta.

Qué es un proceso competitivo de venta

Es lo mismo que haría cualquiera para vender su casa. No se la vendes al primer vecino que pregunta. La enseñas a varias personas interesadas, escuchas lo que te ofrece cada una y eliges.

Con una empresa es igual, pero con más cuidado:

Cuando hay varios interesados, todo cambia a tu favor. Tienes más fuerza para negociar, porque cada comprador sabe que hay otros. El precio suele subir. Y también puedes conseguir mejores condiciones de pago, por ejemplo cobrar más dinero el día de la firma y menos a plazos.

No todo es dinero

Pero hay algo que pesa tanto como el precio.

Lo que has construido no es solo una empresa. Son las personas que llevan años trabajando contigo. Los clientes que confiaron en ti desde el principio. El nombre que está en la puerta.

Por eso, cuando puedes comparar, no solo eliges la mejor cifra. Eliges en qué manos queda todo eso. Quién va a cuidar de tu gente, qué planes tiene para la empresa y cómo quiere hacerla crecer.

Eso no se puede poner en una cifra. Pero para alguien que ha dedicado toda su vida a construir algo, saber que queda en buenas manos no tiene precio.

Por qué escribo Exit

Me llamo Marcos Poole. Pertenezco a la generación de los hijos de esos empresarios, y les estoy muy agradecido. A mis padres y a todos los que, como ellos, levantaron este país con su trabajo.

Por eso escribo Exit. Quiero devolver a los empresarios una pequeña parte de lo que nos han dado.

Mi objetivo es que, cuando se acerque su jubilación, tengan la información adecuada para sacar el máximo partido a todo su esfuerzo. Sin que se pierdan el valor ni la continuidad de lo que han construido.

Cada semana escribiré sobre una parte del proceso de venta:

Todo lo que necesita saber un empresario para vender su empresa con la información necesaria, antes de que sea demasiado tarde.

Nos vemos la semana que viene.

Si estás pensando en el futuro de tu empresa y tienes cualquier duda, escríbeme por LinkedIn. Estaré encantado de ayudarte.

Marcos Poole

Si estás pensando en el futuro de tu compañía, escríbeme. Lo leo yo y te respondo en el día.

Marcos PooleFundador, Mece Capital

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